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Esta Vida Bi: Negra, Bi y Sexy

Bi Stories

Empezaré con decir que la intimidad es difícil para todos nosotros. Como muchas de las cosas más importantes de la vida, nadie nos enseña realmente cómo encontrarla, conservarla o cuidarla. Dicho esto, todos nuestros caminos son diferentes y las intersecciones en las que se encuentran nuestras identidades pueden alterar perspectivas y cambiar realidades.

Empezando por la existencia en una sociedad patriarcal que siempre sitúa a los hombres heterosexuales cisgénero como cazadores y a las mujeres heterosexuales cisgénero (y, en realiad, a todos los demás) como presas. Hablando desde mi propia perspectiva, desde mi propia realidad, esta es la primera capa. Esta es la capa que me enseñó a “proteger mi virtud” pero también “si no lo haces por él, otra chica lo hará”. Esta es la capa que me enseñó a que me acostara y me deje hacer lo que él quiera aunque yo no lo quiera, pero también a actuar como una estrella del porno si me lo pedía. Esta es la capa que me enseñó que mi sexualidad no era mía. Que el sexo no era para mí. Que si no lo tenía, era una mojigata. Que si lo llegara a tener, entonces era una chica fácil. Que si lo disfrutaba, entonces era una puta. Pero que fuera como fuera, el sexo era un requisito.

Otra parte de mi realidad es que soy negra. Una realidad de la que estoy increíblemente orgullosa, una realidad que conlleva una serie de normas totalmente únicas en lo que respecta a la intimidad. Piensa en el mundo, el sexo y el deseo. Ahora piensa en esas cosas y sitúa a una mujer negra en el centro. Históricamente, las mujeres negras han sido hipersexualizadas. Se les ha visto como objetos de un deseo exótico y prohibido que debe tenerse a puerta cerrada, mientras que se las juzga abiertamente, se les ha avergonzado y se les ha considerado no dignas de amor en público. Estadísticamente, las mujeres negras son las que menos respuestas reciben en los sitios web para conseguir citas. Se nos considera indignas de ser personas para formar pareja, pero a menudo ideales para calmar la lujuria.

Un ejemplo de mi experiencia personal. Conocí a un chico en un bar, un chico guapo, un chico blanco. La pasamos bien. Pasamos horas juntos.

Al final no nos acostamos, pero intercambiamos números. A la mañana siguiente, emocionada por lo que creía que era una nueva conexión, busqué algún tipo de cuenta que pudiera ser suya en las redes sociales. Encontré su Twitter y vi una serie de tuits sobre la noche anterior. Entre esos tuits había una respuesta a un amigo suyo al que también había conocido que decía: “Casi tengo una, bro.” El contexto sólo podía dejarme creer que “una” se refería a una chica negra. No se trata de un incidente que ocurra de la nada. No puedo contar el número de hombres que no son negros que se me han acercado con la frase de depredador: “nunca he estado con una chica negra.” La mayoría de las mujeres son vistas como conquistas sexuales en un momento u otro, pero las mujeres de color suelen serlo más, como ya se ha dicho, se nos trata como un prohibido logro sexual exótico y excitante.

Bisexual es una palabra que durante muchos años estuvo prohibida en los resultados de búsqueda de Google debido a su “contenido explícito”. Una palabra que tiene su propia categoría en todas las páginas porno (junto con “Ebony”). Una palabra que hace que los hombres cisgénero y heterosexuales saliven ante la oportunidad de poder tener un trío con una de nosotras. Una palabra que, cuando se añade a cualquier perfil de citas, provoca mensajes y solicitudes de parejas que buscan una compañera para tener diversión. Como si mi orientación sexual precediera a mi humanidad y, por lo tanto, a cualquier deseo de encontrar una relación real fuera del sexo.

En estos mismos sitios he recibido duros rechazos de mujeres lesbianas debido a mi bisexualidad. Muchas de ellas dicen directamente que no se meten con mujeres bisexuales. Mis favoritas son las que al menos te salvan del rechazo y ponen “no parejas, no hombres, no bis” ahí mismo en sus perfiles. Hay memes circulando ahora mismo burlándose de las mujeres bisexuales y de su supuesta falta de capacidad para complacer sexualmente a las mujeres porque, en realidad, no son más que mujeres heterosexuales “jugando” a ser gay.

También existe la creencia inmortal de que las personas bi son intrínsecamente más propensas a engañar más que otras personas. Y para dar un paso más allá de las cosas más básicas por las que nos rechazan, hay gente que rechaza meterse con una persona bi porque creen que la bisexualidad refuerza el sistema binario, aunque muchas personas trans y no binarias se identifican como bisexuales (yo incluida).

Basta con decir que mi realidad con la intimidad, la sexualidad y, en última instancia, el amor son difíciles de tener cuando te encuentras en mis intersecciones. Hasta ahora, me he acostumbrado a actuar de otra manera. Siendo consciente de mí misma, sé y he sabido lo que se espera de mí sexualmente. He aprendido de verdad el arte del coqueteo y, a veces, del sexo consensuado sin que tenga que significar algo. También entiendo la forma en que el mundo me ve sexualmente debido a las supuestas implicaciones de mi raza y sexualidad. Intento que estas cosas no me molesten y, normalmente, la cantidad adecuada de alcohol puede callar las preguntas que me hago sobre los motivos que la gente pueda tener para involucrarse conmigo.

Como una sobreviviente de una abuso sexual y violación, tener control sobre mi sexualidad y actuar según mi propio deseo ha sido, en cierto modo, liberador. Lo que más me cuesta es el amor. “Hacer el amor” ni siquiera me parece bien. No sólo porque parece como anticuado y cursi, sino porque, aparte de practicar la intimidad como el mundo espera que lo haga, el sexo con alguien que me importa me provoca una larga lista de inseguridades. Me pregunto si soy lo bastante excitante, si mi cuerpo es deseable, si estoy a la altura de sus fantasías y si soy “lo suficientemente queer” para el sexo queer. Esta última pregunta es la que más me atormenta. Con las ideas heteronormativas de cómo debe ser el sexo, soy capaz de fingirlo basándome en lo que sé que se espera de mí. Fuera de eso, me siento simplemente inadecuada.

Todo esto me lleva a cuestionar, desafiar y analizar cómo accedemos a la intimidad en nuestras múltiples intersecciones. ¿En qué se basan nuestros deseos y de qué manera cuestionamos la forma en que esto determina nuestras interacciones y, en última instancia, nuestras relaciones mutuas? Me encantaría poder existir en un mundo en el que no sintiera que estoy en una constante competición con el presente, el pasado y el futuro de mi amante. Un mundo en el que no compitiera con los estereotipos sobre cómo debería relacionarme sexualmente con el mundo. Me encantaría vivir en un mundo en el que expresar amor y deseo físicamente no se sintiera como un reto a superar. Para mí, todo empieza por analizar estas cuestiones y mantener un diálogo abierto y honesto al respecto. Espero que, en algún momento, pueda sentirme realmente la mujer sexy, negra, bi y demi que soy.

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