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Sigue siendo queer aunque tengas citas hetero

Bi Stories

Empecemos por acá. Los batallas cotidianas de la gente bii: una de mis amigas bi salió del clóset, le contó a su novio con el que había salido por cinco años y él le dijo que nunca le mencionara su sexualidad “antinatural” cuando estuvieran juntos. El novio de otra amiga empezó a tratar su relación como un fetiche, y la empezó a presionar para que hicieran tríos. Mi ex constantemente tenía paranoia, pensando si yo sería incapaz de resistirme a mi lado queer o si lo terminaría engañado con una mujer, inevitablemente.

Entonces llegó mi novio actual, con el que llevo cuatro años, quién no podría estar más orgulloso de mí o apoyar mi sexualidad. No voy a entrar detalle sobre cómo me apoya. Son cosas que deberían ser naturales para cualquier persona decente, algo que, por desgracia, a la mayoría le cuesta trabajo ser.

Sin embargo, a pesar de la idea equivocada de que las personas bisexuales somos “codiciosas”, en realidad nadie puede tenerlo todo. Si quieres ganarte el apoyo de tu pareja hetero, prepárate para perderlo del lado de la comunidad LGBT.

Es un problema demasiado conocido para las personas bi que salen con gente del sexo opuesto. Sí, a primera vista, parecemos “heteros”. Nos beneficiamos de los privilegios de quizás no tener que salir nunca del clóset, de no recibir juicios por darle la mano o un beso en público a nuestra pareja, de no sufrir discriminación en nuestro lugar de trabajo. Si queremos, podemos utilizar las suposiciones de la gente como máscara para ocultar nuestra identidad queer que a menudo no es plenamente aceptada por las normas sociales.

Sin embargo, a pesar de los privilegios que diferencian a los bi del resto de la comunidad LGBT, sigue existiendo esa sensación de no pertenecer a ninguno de los dos bandos. No eres hetero, pero tampoco eres gay, y ninguno de los dos bandos le quisiera hacer un espacio a este incómodo punto intermedio.

Y, para mí, lo peor llega en dos momentos en los que más quiero abrazar mi lado queer: cuando llega el mes del Orgullo o cuando quiero salir de fiesta e ir a un antro gay. Son dos lugares públicos en los que por fin quiero salir del clóset y sentirme orgullosa, pero en los que me siento igual de juzgada, o al menos igual de observada, que una persona gay en un entorno heterosexual.

¿Y el motivo? Quiero llevar a mi novio.

Por supuesto, las marchas del Orgullo y los antros gays deberían ser espacios principalmente reservados para la gente LGBT. Pero yo formo parte de la comunidad LGBT, así que debería sentirme bienvenida. También tengo derecho a llevar a mi pareja, como cualquier otra persona de la comunidad. El hecho de que yo sea mujer y mi pareja sea hombre no anula mi bisexualidad. De hecho, debería ser una celebración de los diferentes matices de la cultura LGBT y de la variedad de personas que hay dentro de la comunidad.

Así es como debería ocurrir en teoría: voy al Orgullo o a un antro gay, bailo y río y lo celebro con mi novio, y todo es arcoíris, luz y amor. La realidad: un nudo en el estómago que me dice que he traicionado mi lado queer trayendo a una persona heterosexual a un espacio gay y al hablar de mis privilegios heterosexuales delante de gente que no los tiene.

Por supuesto, nunca he sufrido ningún abuso por parte de la gente de la comunidad. Pero el síndrome de impostor es difícil de superar y crea una barrera entre el resto de la comunidad y yo, impidiéndome participar plenamente en las marchas del Orgullo o en los antros gays así como lo hacen mis amigos gay.

¿Cuál es la solución? Bueno, desde luego no es “no traigas a tu novio”. Si no llevara a mi novio a los actos del Orgullo o a los antros gays, parecería que me siento avergonzada de él. Hay que darle la vuelta a las cosas: ¿estaría bien pedirle a una lesbiana que no lleve a su novia a un acto familiar porque haría que la gente se sintiera “incómoda”? Por supuesto que no, es una sugerencia horrible. Mi novio no forma parte exclusivamente de mi “vida heterosexual” como para sacarlo a la luz en espacios heterosexuales y mantenerlo escondido en los queer.

Cuando estoy en un antro gay y presento a mi novio, me apresuro a decir “Por cierto, soy bisexual”, como si eso, y no el dinero que pagué en la puerta del bar fuera mi pase de entrada al antro. O, aún peor, en los momentos más bajos de mi desesperación por ser parte de la comunidad LGBT cuando he llegado a negar por completo que sea mi novio. ¿Qué clase de persona va a un club para fingir que está soltera? Yo no quiero ser esa persona, y mi propia comunidad no debería forzarme a que haga esto pues nos ha costado muchísimo a nosotros que pertenecemos a la comunidad como para tener que volver a escondernos.

Entonces, ¿qué hacer si eres una persona bi en un espacio queer con tu pareja heterosexual? En primer lugar, se conciente de que traes a un elemento de heteronormatividad al lugar y entiende qué esto puede generar cierto tipo de respuestas. En segundo lugar, asegúrate de que tu pareja sea sensible y abierta. Si es un hombre heterosexual, no debe sentirse incómodo entre los hombres gay ni sentirse celoso de las mujeres lesbianas. Si traes a una mujer heterosexual, no puede mostrarse entusiasmada por el prospecto de ir a hacer un mejor amigo gay. Esta actitud no se limita a los espacios queer, como las marchas o los clubs. Sinceramente, si tu pareja heterosexual no es respetuosa de la cultura queer en tu relación día a día, quizá deberías preguntarte si esa persona debería de tener el privilegio de amar a una persona bi.

Por último, cambia tu mentalidad: ten confianza en ti y siénte orgullo de ser quien eres. Y también, todos los demás, heterosexuales o personas que son de la comunidad LGBT, tienen que cambiar su mentalidad: Yo he asumido mi propia versión de mi identidad queer, y quiero que los demás también la acepten porque, para mí, formar parte de la comunidad LGBT significa que entiendes el concepto de tener amor sin hacer excepciones.

Aunque la gente crea que la bisexualidad viene en blanco y negro, ser bi es más bien una gama de colores mezclados. Ser una mujer bi significa que puedo ondear una bandera arcoíris en una mano y tomar la mano de mi novio en la otra, y ¿cómo no voy a sentirme orgullosa de ello?

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