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Manteniendo mi identidad bi estando casada

Bi Stories

Años antes de casarme, mi orientación sexual era una parte muy importante de cómo me veía el mundo. Para mí, era imposible evitar el tema de mi bisexualidad mientras estaba en el mundo de las citas. Algunas parejas potenciales hacían preguntas raras e invasivas, principalmente sobre tríos, lo cual siempre era un motivo de rechazo inmediato. Muchas personas parecían ver mi bisexualidad a través del lente de sus propias fantasías. Algunas reaccionaban con desdén o confusión, mientras que otras decían: “Bueno, no tengo problema con que seas así, pero yo jamás sería así”. También había quienes lo aceptaban, pero notaba que en realidad no lo “entendían”.

Cuando comencé a salir con mi esposo, ya nos conocíamos, así que no tuvimos que pasar por muchas conversaciones de ese tipo. Ya sabíamos cuál era la orientación sexual del otro, así que ni siquiera hubo preguntas incómodas. La relación fue muy agradable desde el principio porque no tenía miedo de explicar lo que sentía (o de describir en detalle los diversos mecanismos de las relaciones entre personas del mismo sexo).

Gracias a ello, pasamos directamente a otras conversaciones más significativas, como hablar de nuestros videojuegos favoritos y gustos musicales. Estando en un matrimonio heterosexual, todos asumen que ambos somos heterosexuales y monógamos. Solo las personas muy cercanas a nosotros saben que ambos somos bi y éticamente no monógamos.

La mayoría de la gente está de acuerdo en que el matrimonio lo cambia todo, o al menos, muchas cosas. Para las personas bi y no monógamas, siento que algunos cambios notables a menudo pasan desapercibidos. Una vez que me casé, mi orientación sexual, desde afuera, parecería haber sido oscurecida por una gran lista de títulos. Simplemente me veían como una esposa y madre, en lugar de como una mujer bi.

Durante un tiempo, sentí que ser bi ya no era una parte tan importante de mi identidad, y me permití ignorar mi lado bi. Pero comportarme de esa forma no era sostenible. Un día, mi esposo y yo nos dimos cuenta de que nuestra bisexualidad había quedado enterrada a demasiada profundidad. Habíamos dejado de ser fieles a quienes realmente éramos.

Así que empezamos a dar largos paseos nocturnos. Era nuestro momento para desconectarnos del resto del mundo y conectarnos entre nosotros. Fue como si nos volviéramos a conocer. En realidad, estos paseos nos estaban permitiendo volver a conocernos a nosotros mismos. Una noche, salió a colación el tema de nuestra sexualidad. Le conté que me sentía atraída por una compañera de trabajo del mismo sexo.

Bigstock/Dean Drobot

Me había acostumbrado a disimular la atracción que sentía por otras personas al sentir una especie de obligación social de proteger los sentimientos de mi esposo. Pero la charla que tuvimos esa noche eliminó para siempre esta limitante para nosotros. Fue liberador expresar las emociones que había dejado de lado durante tanto tiempo. Poder explorar los sentimientos por esa compañera de trabajo, o por cualquier otra persona nos permitió reconectar con nuestra esencia sexual más íntima y abrió la puerta a muchas conversaciones.

Esa misma noche también hablamos sobre el poliamor. Aunque mi pareja me acepta completamente, la conversación me puso nerviosa. Era una idea que habíamos contemplado en el pasado pero nunca la habíamos discutido a fondo. A ambos nos habían engañado en relaciones anteriores, y por eso mismo la fidelidad era un elemento fundamental de nuestra relación. Además, a mí me habían inculcado una idea muy específica de la fidelidad y de la confianza, y al principio, sentí que la no monogamia sería como una traición.

Lo curioso de la no monogamía ética es que no hay infidelidades porque se trata de tener una conversación abierta en lugar de guardar secretos oscuros. No se pierde la confianza porque respetamos los límites de ambos. Al final, llegamos a un acuerdo de ser no monógamos, de establecer las reglas juntos y de ser nosotros quienes definiríamos lo que significaría todo esto en nuestra relación.

Esa platica llevó nuestro matrimonio a un lugar más empoderado. Ahora siento que tengo mucho más claro quién soy y lo que quiero en mi vida. También siento que redescubrí a mi esposo. Al reconocer mi bisexualidad como una parte central de quien soy obtuve un tipo de seguridad en mí misma que nunca había sentido, y poder discutir las reglas de nuestra relación la hizo volverse más auténtica.

Ahora me siento segura al saber que si mi esposo encontrara a alguien con quien quisiera estar, podríamos hablar al respecto de manera abierta y respetuosa. Tampoco tendré que ocultarle cuando alguien me atraiga. Lo más importante es poder sentir nuevamente que estoy cómoda siendo yo misma.