Mi despertar bi
Bi Stories¡Claro, soy bi y siempre lo he sido!
Algo que he escuchado muchas veces por parte de diversas personas al aceptar y abrazar su bisexualidad, es el sentimiento de alegría y plenitud en el momento de realización y de revelación de su orientación sexual que siempre ha estado ahí pero no había sido atendida, menos aún aceptada y disfrutada.
En mi caso, fue una noche de marzo de 2020. Mi familia y yo estábamos viviendo en una casa de campo en Morelia, dejamos la Ciudad de México en diciembre de 2019 por un proyecto que desarrollaríamos fuera del país, una aventura de emprendimiento y experiencia de vida. Decidimos irnos a Morelia una temporada para convivir con nuestras familias (que viven allá), antes de irnos de México.
En efecto, durante nuestra estancia en Morelia llegó la pandemia del COVID-19, la empresa que realizaba nuestros trámites migratorios nos notificó que no había nada que hacer y que quizás en enero del siguiente año podríamos retomar los trámites. Todos nuestros planes se congelaron.
Más allá de la frustración por los contratiempos y el estrés generalizado por la pandemia, esa temporada me permitió profundizar más en mi persona, en mis sentimientos, en mis anhelos. Me hice el hábito de la meditación y participé en varios eventos de crecimiento personal y espiritual.
En una de estas sesiones de meditación, en el silencio de la noche, concentrado en la reflexión existencial, súbitamente llegó a mi una cálida, contundente, profunda y maravillosa revelación: ¡claro, soy bi!
De inmediato, una sensación de paz, entendimiento y amor propio recorrió todo mi cuerpo y mi mente. Me sentí comprendido, fortalecido, resuelto y muy contento, al mismo tiempo que diversos recuerdos de mi vida pasaban por mi mente, revelándose como fragmentos de una película, momentos que habrían significado el enfrentamiento a esta negada realidad.
Vinieron recuerdos de mi época en la primaria, en la que siempre me consideré enamoradizo y de la que recordaba todas las niñas que habían movido mis sentimientos, algunas que terminaron siendo una franca y bonita amistad y otras que significaron fallidos intentos de acercamiento que daban paso a un tierno corazón roto por el rechazo; otras tantas, vividas en silencio para no terminar con esa ilusión. ¿Pero qué había de los niños?
¡Claro! Ese niño que llegó en 3º de primaria y que de inmediato y por los siguientes años se convertiría en mi mejor amigo, ese cuya compañía era emocionante, vibrante, cálida, increíble, pues él era apuesto, popular, simpático, atlético, bueno para todos los deportes, bueno para las clases, y además, era mi mejor amigo y yo el suyo. Ahora puedo ver, con cierta ternura, mi incomprendido enamoramiento. Y como él, otros niños más que me hacían sentir “cosas” que no podía explicar y, menos aún, aceptar teniendo una educación escolar y familiar heteronormativa, mayormente religiosa, en una ciudad especialmente conservadora y al principio de la década de 1990.
También recordé cómo me incomodaba el hecho de que llamara especialmente mi atención uno de los integrantes de un grupo infantil español llamado Parchís, se trataba de Frank Díaz, un niño con una llamativa melena pelirroja, facciones muy finas y que ante mi desconocimiento de los nombres, yo le llamaba — en secreto — “el niño-niña de Parchís”. De igual forma, recordé cuando a finales de la década de 1990 salió aquél enorme hit de la música pop adolescente, con su respectivo video en la rotación del canal MTV la canción “MMMBop” del álbum Middle of Nowhere (1997) del grupo estadounidense Hanson. “¿¡Qué!? No, no puede ser. Qué bonito está el vocalista” (Taylor Hanson), y pensaba con cierto lamento: “ojalá que fuera niña”. ¡Claro, así no estaría incómodo, no sentiría culpa porque me atrajera!
Dentro de estos momentos de revelación, en esta “película” que se me presentaba recordé que, durante varias etapas de mi vida, sobre todo en mis épocas de soltería, después de terminar una relación con alguna chica, notaba que me llamaba la atención algún artista, cantante o chico “de la vida real” que me hacía preguntarme: ¿seré gay? ¿Seré gay y por eso no resultó la relación con esta chica?
Después conocía a otra chica, me enamoraba de ella, y estas dudas se respondían con un rotundo “no, no soy gay” porque auténticamente me volvía a enamorar y a sentir romántica y sexualmente atraído por una mujer.
Momentos más tarde, mi memoria rebobinó un poco, yendo nuevamente hacia atrás, surgió un recuerdo que parecía salido de una bóveda de seguridad bancaria, de un lugar infranqueable, del más secreto cajón de mi memoria. Surgió tan claro y tan vívido que movió nuevamente mis sentimientos. Aquella época cuando tenía 12 años y asistía a clases de teatro y, a propuesta de un compañero, no entramos a clase, nos fuimos a “explorar” las instalaciones del enorme club deportivo en el que estábamos. Dicha actividad inició como una exploración de lugares desconocidos, rincones desiertos, silenciosos, y que fueron el escenario perfecto para un despertar sexual. Estos rincones permitieron sesiones de besos, tacto, calor y mucha emoción.
Al cabo de un buen rato de este éxtasis emocional, llegó a mi mente un gran cuestionamiento: ¿y ahora qué hago con esta información? ¿Cómo se lo voy a decir a mi esposa? ¿Debería decírselo? ¿Qué hago si me rechaza por ello? ¿Qué van a decir nuestras familias?
Por supuesto que me ilusiona mucho compartir todo este proceso con ustedes y lo voy a hacer, pero eso será en el próximo capítulo de esta historia…
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