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Me convertí en el primer deportista profesional masculino que se declaró bi mientras jugaba

Bi Stories

En el 2020, me convertí en el primer atleta profesional de sexo masculino en el mundo en declararse bi sin dejar de participar en el deporte. Pero el camino que tomé para llegar aquí estuvo lleno de obstáculos.

Desde muy joven supe que me atraían tanto las mujeres como los hombres. Cuando tenía 12 años, recuerdo que estaba de vacaciones en Nueva York con mi familia inglesa y vi La sirenita en Broadway. Me quedé crusheado del personaje de Sebastián — o mejor dicho, del actor que lo interpretaba. Le pedí a mi hermana pequeña que me recordara cuando él apareciera sobre el escenario porque era muy guapo. Esos momentos de expresar abiertamente la atracción por personas de mi mismo sexo eran raros. De adolescente, nunca me sentí cómodo de expresar mi bisexualidad y me quedaba callado. En la preparatoria corría el rumor de que yo era gay, lo que no ayudó para nada y me hizo querer ocultar aún más mi bisexualidad.

El hockey sobre hielo era y sigue siendo mi vida. Me convertí en un jugador semiprofesional a los 16 años y un entrenador de una liga británica de mayor nivel me preguntó si me gustaría seguir adelante. Después de unos cuantos años de éxito jugando con los Slough Jets y los Basingstoke Bison, pude avanzar de nuevo a la Elite Ice Hockey League (EIHL), la mejor liga profesional del Reino Unido. Las cosas seguían yendo bien, pero con el paso de los años, algo estaba mal.

Ocultar mi bisexualidad no había afectado la manera en que jugaba al Hockey — hasta que lo hizo.

Cuando tenía 25 años, teniendo mucho tiempo en mi carrera profesional, mis roomies y yo vimos un documental sobre Aaron Hernández, la triste célebre estrella del fútbol americano que fue condenada por asesinato y luego se suicidó en la cárcel. Fue espeluznante verlo, entre otras cosas porque vi algo de mí mismo en Hernández, un atleta bi profesional que luchó contra su bisexualidad y la ocultó, lo que parece haber contribuido a su inestabilidad. Por supuesto, nunca pensé ni por un segundo que alguna vez haría lo que hizo Hernández, pero me di cuenta de que la represión que uno se pone sobre sí mismo es un camino oscuro, en el que no quería permanecer. Casualmente, faltaban pocas semanas para el fin de semana del Pride de la EIHL. Ese era el momento perfecto.

Primero se lo conté a algunos amigos íntimos, a mis antiguos compañeros de equipo Josh Grieveson y Tyson Fawcett, y a mi actual compañero (y capitán) Cameron Critchlow. Me apoyaron al 100%. Salí del clóset ante al mundo en Twitter antes del evento del Pride de la EIHL. De hecho, Josh me ayudó a redactar lo que tuiteé sobre mi bisexualidad y Tyson me acompañó a muchas de mis entrevistas posteriores para darme apoyo moral. Tuve suerte de estar rodeado de tantos buenos seres humanos.

Salir del clóset no podría haber sido mejor. Mi familia, muy unida, me aceptó enseguida. Mis amigos también fueron maravillosos, y resulta que una de mis mejores amigas también es bi. Nos lo dijimos el uno al otro, ¡fue increíble! La persona a la que más me preocupaba contárselo era mi entrenador en aquel momento, pero resultó ser mi mayor apoyo y me animó a convertirme en un defensor más activo de la inclusión LGBT.

Había salido del clóset justo antes de un partido de gran rivalidad en contra de Sheffield y el entrenador me pidió hablar conmigo y dijo: “Sabes que vas a hacer muchas entrevistas, ¿verdad?” Fue entonces cuando sentí el impacto de mi decisión. Salimos, jugamos el partido y, al día siguiente, la BBC quería hacerme tres entrevistas, y empezaron a llegar solicitudes de otros medios de comunicación y publicaciones. Desde entonces, mi vida privada nunca ha sido tan privada. Me he convertido en una especie de embajador de los hombres bi en el deporte. He estado en todas las plataformas — incluso un año me hice cargo de las historias de Instagram de la NHL. No ha cambiado mi forma de vida, pero me ha dado la maravillosa oportunidad de ayudar a que el mundo sea un poco más amable y acogedor.

He sufrido dos casos de abusos homófobos mientras jugaba, uno por parte de un jugador y otro por parte de un aficionado. Ha habido innumerables incidentes menores de homofobia y bifobia ocasional: chicos en los vestuarios que utilizan “gay” como sinónimo de ser cobarde o de carecer de dureza. La mayoría de las veces, la gente dice estas cosas sin ni siquiera pensarlas. Cuando les pregunto: “¿Entonces los gays no son fuertes?”, la otra persona se da cuenta inmediatamente de que lo que ha dicho está mal. Una vez que he tenido esas conversaciones, y los chicos tienen ese momento de comprensión, se lo llevan a otros equipos y a dondequiera que vayan en la vida. Hay una cultura machista en el deporte masculino, sobre todo en el norteamericano. Es algo contra lo que hay que luchar. Supongo que ese es el lado positivo de estas actitudes: se convierten en momentos de aprendizaje.

Voy a cumplir 14 años de jugar hockey profesional como defensa del Manchester Storms y mi vida es buena. Creo que no sólo es importante sentirse cómodo con uno mismo, sino también tener confianza. Más que reconocer la verdad sobre uno mismo, tener algo de orgullo realmente marca la diferencia. Tener gente decente a tu alrededor también ayuda mucho. Los compañeros que escogemos desempeñan un papel importante. No estoy seguro de haber alcanzado ese ideal de “amarme a mí mismo”, pero puedo decir con certeza que me agrada la persona que soy. Me quedo con eso.

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