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En la variedad está el placer

Bi Stories

Me pueden decir Julieta, y esta es mi historia. Desde pequeña me han atraído fuertemente las mujeres; estudie durante 10 años en una escuela femenina, dirigida por monjas católicas, la educación era basada en el modelo heterosexual de la sagrada familia, Maria, José y Jesús; así como que debías casarte con un hombre y ser virgen hasta el matrimonio. Lo más extraño de esto, era que yo no me identificaba en ese modelo educativo, yo sentía una conexión distinta con las mujeres.

Cuando inicié mi etapa de adolescencia, fue el momento donde empecé a tener la sensación más fuerte de enamoramiento, me llamaba la atención de las chicas; su piel tersa, voz suave y delicadeza al moverse, eso era lo que veía todos los días en mi escuela, por lo que tenía el tiempo suficiente para observarlas y que no se me escapara ningún detalle. Descubrí que yo me veía en una relación al lado de otra mujer y no en la relación heterosexual que me decían debía tener. Y descubrí que debía guardar ese secreto y nadie debía saberlo.

Por el tipo de escuela en el que estaba, en la prepa existían espacios de encuentro escolar junto a otras escuelas mixtas. Fue en esos encuentros donde tuve un acercamiento directo con los hombres, me llamó la atención la diferencia con las mujeres. Esto despertó también un interés, noté que me producían sensaciones no iguales a las que me producían las mujeres, pero sí con esa misma intensidad.

Esto me confundió un poco, porque yo creía que solo me gustaban las mujeres, consideré entonces que quizá el gusto por las mujeres solo había sido un momento de mi vida. Pero a medida que seguía conviviendo con hombres y mujeres, no veía el cambio de que me gustaría uno más que otro. Reconocerme entonces como bisexual, más que buscar el significado en el diccionario, fue experimentar estas sensaciones — con esto no quiero decir que las personas que no lo han experimentado no lo sean, también pueda estar en su fantasía, pero las circunstancias de la vida no les han permito hacerlo. Lo que conocí de mi bisexualidad es que puedo enamorarme tanto de hombres como de mujeres, gracias a mi vivencia con relaciones monógamas exclusivas; donde puedo respetar, amar y compartir un proyecto de vida con una persona.

Desde mi bisexualidad el sentirse amado por un hombre o una mujer, son sensaciones distintas — y que no se pueden comparar la una con la otra, ya que cada uno tiene su forma para llevarnos al placer y al amor. Cada sexo se experimenta y se vive diferente. Considero que todas las personas monógamas, soñamos con tener una persona que nos ame, nos valore y respete, que nos proporcione confianza, entendimiento, paz y compañía.

Finalizo diciendo que ser bisexual para mi es ser el personaje mítico del libro El Banquete, de Platón, donde plantea un ser perfecto. Él lo describía como un ser de dos cabezas, cuatro brazos, cuatro piernas y un solo cuerpo, estos cuerpos podían ser hombre-hombre, mujer-mujer y hombre o mujer. Al ser perfectos despertó en Zeus envidia porque nadie podía ser mejor que él y decidió separarlos, para que separados divagaran como seres incompletos y que siempre están buscando esa parte que les falta. Los bisexuales entonces somos dos cuerpos en uno, independientemente de cuál sea el físico que mostramos, aspecto de hombre o de mujer que Zeus no pudo separar. Somos seres apasionados y sabemos tratar y darle a cada sexo lo que se merece, sentimos la realidad de una mujer y la de un hombre y es aquí donde concluyo que en la variedad está el placer.

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