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Image/Wild Bunch

La vida de Adèle
(2013) es una película francesa que ganó la Palma de Oro. Este drama romántico sobre el paso a la adultez, protagonizado por Léa Seydoux como Emma y Adèle Exarchopoulos como Adèle, está basado en la novela gráfica francesa del mismo nombre publicada en 2010 por Jul Maroh.

La historia sigue a Adèle desde sus años de preparatoria hasta su adultez temprana como profesora, y su relación con Emma, una pintora. A lo largo de la película, Adèle suele llevar el cabello castaño claro hasta los hombros y vestirse con ropa moderna de clase trabajadora. Emma es reconocible por su cabello corto y teñido de azul durante la mayor parte del filme.

La vida de Adèle cubre toda la relación entre Adèle y Emma: desde que Adèle se aburre con su primer amante hombre y se siente intrigada por Emma al verla en la calle, hasta una amistad suave y exploratoria (en la que Emma nunca la presiona), su relación amorosa, y la forma en que Adèle experimenta una nueva libertad, identidad y expresión sexual. Eventualmente, la relación cae en el tedio y termina de forma caótica cuando Adèle le es infiel a Emma.

La atracción entre ellas es tanto tierna como profundamente sentida. Aunque algunos personajes intentan borrar la bisexualidad de Adèle a lo largo de la historia, queda claro que ella se siente atraída por personas de múltiples géneros, aunque solo tuvo una relación funcional con Emma —lo cual no invalida sus relaciones con hombres, simplemente fueron malas combinaciones. Sin embargo, la película nunca parece cuestionar el proceso de autodescubrimiento de Adèle. Aun así, para ser una película moderna, La vida de Adèle tiene dos problemas: 1) nunca se menciona el término “bi” para Adèle ni para otro personaje bisexual, y 2) corre el riesgo de perpetuar el estereotipo de que las personas bi son infieles y mentirosas, al mostrar la infidelidad de Adèle con un hombre.

La película también fue objeto de mucha controversia por sus extensas escenas sexuales, debido a su duración, lo explícito y la autenticidad (o falta de ella). Es importante señalar que el cine europeo no es tan puritano respecto al sexo como el estadounidense. Sin embargo, dichas escenas sufren bajo el peso de la mirada masculina, con tomas que asemejan a la pornografía y parecerían dirigidas más bien a una audiencia masculina que ser representativas de una relación íntima realista, además de haber poca o nula evidencia de haber recibido asesoría de una coordinadora de intimidad o personas con experiencia relevante o parte de la comunidad queer.

Dicho todo esto, aún hay mucho que admirar en la historia representada en La vida de Adèle. Pues logra capturar con gran precisión las dudas y comportamientos torpes del primer amor, especialmente entre personas del mismo sexo, lo cual sigue siendo arriesgado de explorar incluso en nuestros tiempos. Y aunque las cosas no terminan bien para la pareja protagonista, la película ofrece mucho a quienes recuerdan ese primer amor queer. Si bien no es la mejor representación bi en el cine, en general tiene más aspectos valiosos que negativos.