Katherine Attwell es la protagonista y narradora de Pity Party, la novela de comedia romántica de Daisy Buchanan. Aunque el libro está lleno de ingenio, humor ácido y momentos para reír a carcajadas, también aborda temas más profundos como el duelo, el divorcio, la salud mental y la lucha por aceptarse tal como uno es.
Katherine es una mujer británica millennial que perdió a su madre siendo muy pequeña y fue criada por una abuela estricta. Esa crianza le inculcó un perfeccionismo arraigado y la creencia de que la felicidad debe ganarse. Es obsesiva con la sostenibilidad y trata de controlar cada aspecto de su vida… hasta que todo empieza a desmoronarse.
La novela comienza en el funeral de su esposo, Ben, quien murió en un accidente. Katherine se ve sobrepasada por el dolor y una montaña rusa emocional que termina en una crisis en el trabajo. Presionada por sus jefes para tomarse un descanso, y con el apoyo de su mejor amiga y su suegra, accede a ir a un retiro de bienestar. Pero está lejos de ser la “fiesta de autocompasión” que imaginaba.
La historia se desarrolla en dos líneas temporales paralelas: por un lado, el caos del retiro, donde Katherine conoce a un grupo de mujeres tan excéntricas como entrañables; por otro, el pasado, que muestra su relación con Ben desde el inicio hasta su trágico final. Es en esta segunda línea donde descubrimos una parte clave del viaje de Katherine: es bisexual.
Al principio, ni ella misma puede admitirlo. Aunque es progresista y acepta sin problemas la diversidad en otras personas, se niega a reconocer sus propios sentimientos. Su atracción por Lou, una compañera de trabajo con la que conecta profundamente cuando su matrimonio empieza a resquebrajarse, la justifica con excusas: “Todo el mundo sueña con mujeres”, se dice. “Es solo estrés. O falta de vitaminas. O quizá estoy conectando con mi energía femenina.”
Finalmente, cuando Ben termina la relación, Katherine se acerca a Lou. Pasan una noche juntas — inesperada, alegre, liberadora. Como dice Katherine: “En las últimas diez horas no ha pasado nada y ha pasado todo.”
Pero el momento se rompe de golpe cuando recibe una llamada: Ben ha muerto.
Afligida por la culpa, Katherine corta con Lou y se echa toda la responsabilidad encima. Aun así, su bisexualidad nunca se presenta como la causa del colapso familiar. Al contrario, es parte de su personalidad compleja — una parte que ha negado durante años mientras intentaba complacer a todo el mundo.
El retiro se convierte en un punto de inflexión. Entre risas, caos y conexiones genuinas, Katherine empieza a aceptarse. La novela termina con su reencuentro con Lou y una declaración poderosa de autoestima:
“Solo soy una chica, frente a otra chica, decidiendo que ya no tiene que ser buena. Porque ya lo es. Lo suficiente como para vivir una vida grande y luminosa.”
En cuanto a la representación bisexual, Katherine es un ejemplo importante y matizado de una mujer casada que asume su bisexualidad más adelante en la vida. Representa una verdad común: incluso personas informadas y abiertas pueden tener dificultades para aceptarse a sí mismas. Para lectoras bisexuales — especialmente aquellas que han vivido siguiendo reglas ajenas y poniendo a los demás por delante — su historia es profundamente resonante. Es una celebración de la honestidad, la autenticidad y el coraje que se necesita para vivir una vida plena y sin filtros.