Eve Polastri es la protagonista epónima de Killing Eve de BBC America, adaptación de las novelas Villanelle de Luke Jennings y encarnada por la actuación revolucionaria de Sandra Oh, quien interpreta a una brillante y ambiciosa oficial del MI5 (y más tarde consultora del MI6) de herencia coreano-estadounidense. El personaje de Eve posee una habilidad casi sobrenatural para perfilar criminales —una destreza que se vuelve muy peligrosa cuando se obsesiona con Villanelle (Jodie Comer), una asesina impredecible cuyos asesinatos mezclan el arte y la brutalidad.
Aunque está casada con el dulce pero convencional profesor Niko (Owen McDonnell), Eve tiene una fascinación incontrolable por Villanelle, con una tensión que en ocasiones rosa el erotismo — como cuando analiza el perfume de la asesina en escenas del crimen o sus violentos enfrentamientos físicos que resultan ser sumamente íntimos. Su atracción por Villanelle parece ser un espejo que nos revela su propia volatilidad reprimida.
Sin embargo, Eve no es indecisa ni queda definida únicamente por sus deseos. De hecho, el Globo de Oro que se ganó Sandra Oh por su interpretación (el primero para una actriz asiático-estadounidense, en 2019) subraya cómo las intersecciones identitarias de Eve intensifican las dimensiones emocionales del personaje. Ya sea diseccionando un cadáver o bailando sola con la canción Cry Baby, se trata de una mujer compleja: es imperfecta, divertida e innegablemente humana.

De manera sobresaliente, la serie evita fetichizar su identidad queer. Mientras Villanelle le envía vestidos de diseñador a Eve como si fueran retorcidas cartas de amor, sus momentos más íntimos son en realidad psicológicos. Como cuando Eve se masturba escuchando la voz de Villanelle por un audífono, o cuando sucede su pelea con cuchillos que casi las lleva a besarse. Esta moderación hace que la bisexualidad de Eve se sienta de verdad auténtica.
Hacia el final de la serie, la transformación de Eve — de ser una mera seguidora de reglas a volverse alguien que anhela entender cómo funciona la gente, incluso si significa tener que desarticularlos — ella acaba convertida en uno de los antihéroes queer más fascinantes de la televisión. Su relación con Villanelle no es una “fase”, sino una fuerza transformadora, algo que se apodera de toda su vida y la lleva a enfrentar su propia oscuridad, desafiando al público a aceptar la incomodidad de que el amor y la violencia pueden, en última instancia, coexistir.