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La Escala del Unicornio: Schitt’s Creek

Pop Tv

enero 29, 2019 · por Jennie Roberson

¡Saludos lectores! Hemos llegado a ese tiempo nuevamente. En ese tiempo que se habla tanto de un programa en círculos bi+, podría haber jurado que ya hicimos un artículo del Unicornio al respecto. Sucedió antes con el #bicono Rosa Diaz (y Stephanie Beatriz) en Brooklyn Nine-Nine. Y aquí estamos de nuevo con el programa de comedia de culto canadiense favorito de todos, Schitt’s Creek.

Schitt’s Creek se centra en el clan Rose, una familia vanidosa y mimada que de repente se despojó de todos sus bienes excepto uno: una ciudad que compraron de broma. Sin dinero y sin ningún otro lugar a donde ir, deciden mudarse a esta inversión en un pueblo lejano para ver si pueden reconstruirse de nuevo.

David y su familia, todos posando para la cámara, David está en una bicicleta luciendo preocupado.
Imagen/Pop Tv

Antes de sumergirme demasiado en esta revisión, como siempre, me gustaría recordarles a todos que habrá SPOILERS hasta la temporada 4. Y si necesitas un recordatorio de qué se trata esta métrica queer, puedes leer el artículo original donde comenzó todo este loco negocio.

Lo que me gustó:

He oído hablar de Schitt’s como muchos otros queers en mi círculo, al ver el clip del décimo episodio de la temporada 1 (“Luna de miel”), que tiene la legendaria metáfora del vino para David (Dan Levy) y su sexualidad:

Como cualquier otra persona no heterosexual que he conocido, adoro por completo esta metáfora. Es una forma rápida y sencilla de explicar cuándo el género no entra en la atracción. El mismo David no usa el término bi, o pan, o de otro (aunque su padre Johnny (Eugene Levy) usa “pansexual” más adelante). También es una excelente manera de recordarles a todos que no deben asumir identificadores de nadie; David es un hombre afeminado que fácilmente sería codificado como gay por muchos, razón por la cual Stevie se sorprendió después de que se habían acostado juntos. Esto aclara las cosas muy bien.

Lo que amo más que nada de esta metáfora es que se asegura de que las atracciones de David no sean rojas o blancas (o blanco y negro), reconociendo también que el género es fluido. Le “gusta el vino, no la etiqueta.” (Nota al margen: también es visualmente divertido ver a David describir esta metáfora, ya que, en cuanto a vestimenta, rara vez varía de un patrón en blanco y negro en como se viste.)

Realmente disfruté de cómo reaccionaron sus amigos, amantes y familiares en este episodio. Una vez que David le explicó la metáfora a su amiga/amante, se tranquilizó. Mientras su padre luchaba un poco, el alcalde Roland (Chris Elliott) le recordó lo que realmente es importante en las relaciones y logró que Johnny aceptara de manera casi vergonzosa la orientación de David. Sutil no es, (por mucho que a Johnny le guste pensar que sí), pero comprende lo necesario bien. No solo eso, sino que asumí que los residentes del remanso serían estereotípicamente intolerantes, pero hasta el tonto alcalde captó la sexualidad de David en un abrir y cerrar de ojos (lo que muestra cuánto prejuicio traigo a mis suposiciones sobre las ciudades pequeñas). Para muchos fanáticos, “Luna de miel” es donde fueron convencidos de ver la serie, y puedo entender por qué.

Lo que más me sorprendió, sin embargo, fue que David no es el único personaje bi+ en el programa. Tanto en la temporada 3 como en la 4, nos encontramos con varios amantes que salen o con David o Stevie, o quienes están saliendo con hombres por primera vez. Como he dicho antes unas cuantas veces, es una rareza que felizmente se está volviendo más normal tener varios personajes de televisión en el mismo programa que son queer y que el ser queer no es una fuente de conflicto ni resulta en una tragedia. Muchos de los momentos hacen morir de risa, pero muchos también se dan el lujo de ser tiernos, lo que da mucha profundidad inesperada, algo que urgentemente necesitamos ver más en el panorama de los medios modernos.

David se sorprende al ver a alguien mientras Stevie sonríe con los brazos en la cintura.
Imagen/Pop Tv

Lo que no me gusto:

Es difícil encontrar fallas en esta encantadora comedia. Me encanta una buena historia de peces fuera del agua, y esta tiene un toque deliciosamente insípido.

Si tuviera que elegir algo, probablemente sería que Johnny usa el término “pan”. Para ser claros, personalmente, no tengo ningún reparo en que alguien utilice esta etiqueta (¡haz lo tuyo!). Lo que me ofende es que esta no es la etiqueta que David eligió para sí mismo. Es el que Johnny le asignó al describir su sexualidad al alcalde Roland. No soy fan de eso, porque a menudo puede ser inexacto y, a menudo, hiriente. Aunque pude haber entendido mal la escena, David dijo que era pan cuando estaba en la universidad y ese es el identificador que Johnny se aferró al igual que su esposa Moira (Catherine O’Hara) con sus pelucas.

No se trata mucho de la naturaleza de la sexualidad en el programa, pero tampoco hay muchas personas de grupos marginados en el Creek: pocas personas de color, personas con discapacidades, etc. Con familia y linaje de Canadá, puedo afirmar por mis varias visitas que Canadá es mucho más diverso que la composición de este programa.

La calificación:

A pesar de mis objeciones, Schitt’s Creek es realmente una joya de programa. El elenco es de primera clase, la escritura es nítida e incisiva, y toda la sensación del espectáculo es una vibra cálida y feliz que nos sirve en estos tiempos modernos. Y maldita sea, es bueno ver una representación agradable viniendo de algún lugar más allá de Hollywood. Nada porque decir “ew” aquí.

3.5 Unicornios