Una vez participé en una lectura dramática en la que Cthulhu era un extraterrestre que intentaba obtener una visa para venir a la Tierra (no sabes cuánto me hubiera gustado que a esa comedia le hubieran dado luz verde). A pesar de ello, y de que disfruto leer múltiples géneros literarios, no estoy muy relacionada con el universo de H.P. Lovecraft. Me encanta un buen susto que además me invite a pensar, pero últimamente me gusta más el género de comedia de terror “spoopy“. Hasta mientras escribo esto estoy escuchando “Spooky Scary Skeletons”.
Pero, afortunadamente, esto no significa que me haya escapado del nuevo éxito popular Lovecraft Country (2020) en HBO. De hecho, he estado pegada a mi asiento todos los domingos. Como dijo Amanda Seales en Instagram: “Esta serie me arruina la vida y me da vida cada semana.”
Una de las facetas más fascinantes de este terror de fantasía oscura (y, créeme, hay varias) es lo impredecible que es. Como escritora y adicta a la televisión, esto me fascina, sobre todo en un medio que a menudo es conocido por sus comprobadas fórmulas.
Antes de comenzar tengo que advertirte que esta revisión contiene SPOILERS. En serio — va a estar repleta de ellos; te voy a decir hasta el final de la serie. Así que si no la has visto, te sugiero que te vayas de aquí y te pongas a verla. La serie también contiene algunos contenidos que pueden ser perturbadores y no son para los débiles de corazón, una persona prevenida vale por dos. Por último, si ya te has puesto al día con Lovecraft pero no estás muy familiarizado con lo que es la Escala del Unicornio, puedes leer sobre la métrica aquí para ver cómo funcionan las cosas.
Lovecraft Country, basada en la novela del 2016 de Matt Ruff, se centra en Atticus Turner (Jonathan Majors), un veterano negro de la Guerra de Corea y ávido fan de la ciencia ficción, y su familia, mientras navegan las tierras de Chicago durante la era de Jim Crow en la década de 1950. Los Turner se ven envueltos en un universo oscuro pero fantástico habitado por criaturas y personajes provenientes del universo de Lovecraft.
Lo que me gustó:
Hay realmente dos personajes bi en juego a lo largo de la temporada: Christina Braithwhite (Abbey Lee Kershaw), una misteriosa heredera blanca con poderes sobrenaturales, y Ruby Baptiste (Wunmi Mosaku), una cantante y vendedora negra. En el caso concreto de Ruby, hay mucho que explorar.

Ruby es uno de los personajes más complejos de un elenco que ya es bastante tridimensional. Como mujer negra, vemos cómo Ruby tiene como experiencia el colorismo y la marginación mientras se mueve por el mundo. A menudo subestimada, la historia explora su rabia, pero también muestra su vulnerabilidad de formas mucho más matizadas de las que solemos ver. Esta gama de emociones dibuja la imagen de una mujer segura de sí misma, sustentada por inseguridades, deseos y motivos que se funden en lo moralmente gris. Ruby asume su poder como mujer negra queer cuando el hombre blanco con el que se empareja, William (Jordan Patrick Smith), resulta ser Christina de incógnito y continúa su romance con ella. El arco y el crecimiento de Ruby, un personaje complicado pero profundamente simpático, resulta ser uno de los aspectos más fascinantes de una serie que ya está metida hasta el cuello en examinar las complicadas cuestiones de una historia racista.

Lo que no me gustó:
Si bien es fiel a la época, me resultó imposible que me agradara Christina, dado su racismo abierto y las formas intolerantes en las que usa su condición de mujer blanca acomodada sobre los, mucho más encantadores, personajes negros.
Mi mayor crítica, sin embargo, es que Lovecraft se balancea terriblemente cerca del territorio de #KillYourGays al hacer parecer que ha matado a Ruby fuera de la pantalla para el clímax de la temporada. Me hubiera gustado ver a Ruby explorar su sexualidad queer con una pareja cariñosa que no la hiciera a un lado. Es un microcosmos del comportamiento racista y abusivo, y es emocionalmente doloroso ver cómo este desarrollo se resuelve de una forma decepcionante.
También me resulta irritante que la serie tenga tiempo de sobra para utilizar la palabra “maricón” cuando habla de Montrose (Michael K. Williams), pero que no tuviera tiempo en diez horas para utilizar los términos “bi” o “queer”. Por favor.
La calificación:
Me encantó Ruby y me pareció uno de los personajes más interesantes del programa, el tipo de personaje que la televisión necesita desesperadamente. Pero tener este tipo de desenlace violento para un personaje tan innovador resulta en darnos un final tan agrio que espero que no establezca un terrible precedente.
