Hola, hola, nuevos y viejos unicornios. Espero que este clima primaveral despierte nuestra alegría de vivir y no solo nos ocasione alergias. Es molesto que las plantas y el polen nos hagan llorar por alergias, en lugar de hacerlo por el bellísimo florecer de la primavera.
Después de ver la temporada más reciente, pensé que ya era hora de adentrarme en las tribulaciones románticas de la princesa/reina Bean (protagonizada por la voz de Abbi Jacobson), en la serie animada de comedia de Netflix (Des)encanto (2018-2023).
Como siempre, antes de empezar, es importante que haga algunas aclaraciones. En primer lugar, la reseña está repleta de SPOILERS de la temporada más reciente, o “parte 4”, como la serie la llama. También debo señalar que hay más temas para adultos de los que uno pensaría debido a que es una serie animada (alcohol, algo de violencia, etc.). Y si es tu primera vez por estos rumbos, para entender la métrica de la Escala, puedes encontrar más información aquí. Y para nuestra entrada sobre (Des)encanto, léela aquí en nuestra sección de Media Bi.
¿Todo bien? Fabuloso. Comencemos.
(Des)encanto es una comedia de animación de fantasía medieval dirigida por Matt Groening (famoso por Los Simpson y Futurama) que se centra en las desventuras de la princesa Bean, (y más tarde reina) de Dreamland, cuyo padre está empeñado en casarla — a pesar de que Bean, una aventurera que se la pasa en las tabernas con sus amigos Elfo y Luci, tiene otros planes para su futuro.

Lo que me gustó:
Hay muchas cosas que me gustan sobre la forma en que la serie muestra la sexualidad queer de Bean. En primer lugar, es un personaje bi interpretado por una actriz bi quien ha interpretado otros personajes queer. (Eso NO debería ser tan raro, pero esa es una discusión para otro día.) Aunque este argumento es cada vez más habitual en el panorama televisivo con actores de carne y hueso, sigue siendo una rareza en el mundo de la animación de amplia distribución y merece ser reconocido.
El episodio, “El último chapuzón”, explora la sexualidad de la princesa/reina Bean y funciona bastante bien como episodio independiente de la trama general para aquellos que sientan curiosidad por la serie pero que no están seguros de querer envolverse en ella completamente.

Después de haber sido insinuado en varias partes (incluyendo en un episodio en el que Bean pide y recibe suaves besos en los lóbulos de sus orejas de una sirena masajista), por fin tenemos una serie que se aleja de las temporadas de queerbaiting y finalmente nos ofrece un romance del mismo sexo, para nuestro personaje principal, en el episodio”El último chapuzón”. Me encantó ver la vulnerabilidad de Bean al admitir en su monólogo que nunca ha estado enamorada, y cómo logra reflejar todas esas inseguridades y dudas personales que muchas personas queer — especialmente quienes aún están cuestionándose o apenas comienzan a descubrir su bisexualidad — han experimentado.
Bean es un personaje muy completo a lo largo de la serie y, a pesar del poco tiempo que pasamos conociendo sobre su vida amorosa, también lo es Mona, la sirena (quien es protagonizada por la voz de Meredith Hagner). También aprecio que, aunque no sepamos qué le pasa a Mona de inmediato, ya que su desaparición se queda abierta a interpretaciones, no cae en la deshonrosa categoría de #KillYourGays.

Lo que no me gustó:
Es raro que diga esto, pero en realidad no hemos tenido ningún candidato masculino viable por el que Bean se sienta atraída a lo largo de la serie, a pesar de que la mayoría de la parte 1 y de la trama en general, se basa en quién será la pareja de Bean. Lo cual, en el fondo, es parte del punto de la serie: Bean siempre termina rodeada de idiotas. Pero mostrarlo así también facilita que ella exprese su sexualidad queer. Además, deja más claro por qué Mora destaca: es alguien que realmente la escucha, sin intenciones ocultas ni expectativas, más allá de compartir el tiempo juntas mientras viajan en barco de regreso a su hogar.

Aunque esto no entra dentro de #KillYourGays, y estoy a favor de un buen momento de suspenso, me molesta bastante que esta historia nos haya dejado con Bean dudando de su interludio y lamentándose por lo que podría haber tenido. Me encanta un buen ejemplo de ironía dramática, pero… Pongámoslo de esta manera: torturar a tus personajes es una cosa para crear una buena historia. Pero hay que manejarlo con mucho cuidado cuando se trata de historias poco vistas y poco representadas de un grupo demográfico marginado.
¿Estoy defendiendo a un personaje que sólo existe en la animación? Sí. Pero, ¿qué clase de mensaje les da esto a quienes aún están aprendiendo sobre su propia sexualidad? Puede que ya duden bastante de sí mismos. Algo que sí nos deja con un sabor medio agridulce en la boca, a ellos puede que les deje un sabor incluso más amargo. Y ellos se merecen algo mucho mejor que eso.
Y sí, como siempre, sorpresa sorpresa, Des(encanto) no utiliza el término “bi”. “Pero Jennie, este es un programa de fantasía medieval.” Claro. ¡Pero aclárame esto, hombre de paja! Si pueden introducir robots asesinos y a Steamland con toda su estética steampunk, seguro que pueden meter el término en algún sitio. En vez de eso, todo lo que tenemos es a la pobre Bean quejándose de un amor que se le negó injustamente. ¡Buuu!
La calificación:
“El último chapuzón”, como episodio, es una historia tan dulce como este mundo puede ofrecer. Pero, por la forma en que termina, me dejó con ganas de ver mucho más. Ojalá Bean encuentre su collar de estrellas de mar, que la serenata de Mora resulte profética y que vuelvan a encontrarse. Se lo pediré como deseo al corazón en forma de estrella de una sirena.
