Siendo editor de dos publicaciones queer, la bandeja de entrada de mi correo llega a ser muy caótica: siempre hay gente proponiéndome artículos, mandándome borradores o simplemente mandando opiniones sobre algún artículo — con diferentes grados de cordura. Los lectores también me suelen enviar historias que piensan que se deberían cubrir o que se nos pasaron por alto. Una de esas sugerencias me llamó mucho la atención, era una serie reciente — recientemente cancelada — y bicodificada de Netflix, Los detectives difuntos (2024). Cuanto más la investigué, más llegó a fascinarme.
Se basa en personajes de Neil Gaiman creados para DC comics, ambientada en el mismo universo que el éxito bi-inclusivo del autor, Sandman (2022-), Los detectives difuntos sigue a los fantasmas de los adolescentes Edwin Payne (interpretado por George Rexstrew) y Charles Rowland (Jayden Revri). Habiéndose negado a pasar a la otra vida, los eternos chicos espectrales llevan una agencia de detectives que resuelve misterios sobrenaturales, a menudo para otros fantasmas en apuros, mientras ellos mismos evaden a la Muerte (Kirby Howell-Baptiste, que retoma el papel que interpreta también en Sandman) y a sus ansiosos secuaces.
La serie fue bien recibida y se ganó críticas positivas de algunos medios como The Hollywood Reporter, The Guardian, Los Angeles Times, Polygon y Daily Beast (estos links contienen SPOILERS). Y no sólo le encantó a la crítica: la serie obtuvo en Rotten Tomatoes una puntuación del 92% por parte de los críticos además del 91% por parte de los espectadores. En sus tres primeros meses llegó a registrar la cantidad respetable de 12.6 millones de reproducciones, lo que si bien no fuera tan impresionante, debería bastar para que renovaran una serie como esta, de un género tan específico y de presupuesto moderado (y que de por sí no se anunció mucho). Pero Netflix decidió cancelarla de cualquier manera. Pero fue entonces cuando los fieles espectadores de la serie, en su mayoría jóvenes queer, se movilizaron.
Los fans crearon las páginas de internet “Salven a Los detectives difuntos” y “Salven a las historias queer” e hicieron virales hashtags e historias en las redes sociales incluyendo #RenuevenLosDetectivesDifuntos y #SalvemosALosDetectivesDifuntos. Además, consiguieron que los actores principales de la serie llegaran hasta la cima de la plataforma de vídeos de personas famosas Cameo, aparte de escribir artículos conmovedores tanto en medios tradicionales como en periódicos estudiantiles, y por si fuera poco consiguieron más de 20,000 firmas en una petición para renovar la serie. Incluso lograron recolectar más de 12,000 dólares para colocar vallas publicitarias en el mismísmo Hollywood. No es cualquier cosa que una serie de televisión de ocho episodios logre inspirar tal avalancha de cariño.
La pasión y la dedicación de estos superfans de la serie me animaron a ver Los detectives difuntos. Y me alegro mucho de hacerlo porque vale la pena ver la serie y también contar la historia que la rodea.
Antes de continuar, ten en cuenta que esta reseña contendrá algunos SPOILERS de la serie (los mantendré lo más leves posible). Si esta es la primera vez que lees una Escala del Unicornio, la forma de calificar se explica aquí, o lee nuestra entrada en nuestra Media Bi.
Lo que me gustó:
Lo primero que me sorprendió de la serie fue su aire a Neil Gaiman. La fotografía es a menudo muy parca, como si estuviera resguardada tan solo para algunos planos espectaculares exclusivos que resaltan muchísimo por lo escasos que son. El diseño artístico tiene una cualidad atemporal en la que el espectador no sabe muy bien en qué año transcurre la historia sin que se diga explícitamente (similar a lo que llega a suceder en The Umbrella Academy, 2019-2024). La iluminación tiene una persistente, aunque sutil neblina etérea que la banda sonora complementa a la perfección. Aunados al diálogo y la historia, estos elementos se funden maravillosamente en una especie de atmósfera surrealista que resulta a la vez enigmática. El estilo visual y el ambiente de la serie me recordaron mucho a la célebre novela de Gaiman American Gods (2001) y a su también excelente adaptación televisiva del mismo nombre (2017-2021), que captó la esencia de la novela mejor que cualquier otra adaptación visual. Lamentablemente, esa serie también fue cancelada, aunque al menos duró tres temporadas.

Sin embargo, lo que realmente destaca en Los detectives difuntos es su excelente reparto. Edwin y Charles son, por supuesto, la atracción principal, y se complementan maravillosamente. Edwin es un tipo metódico, formal y serio, fallecido en la década de 1910 quien tuvo que pasar más de 70 años en el infierno por un error administrativo, antes de lograr escaparse. Por otro lado, Charles, fallecido hacia finales de la década de 1980, tiene un aire más punk, despreocupado y de ser de espíritu libre. Mas lo que une a estos excelentes amigos desde hace más de 30 años, no es sólo el hecho de que ambos sean fantasmas adolescentes británicos, sino que ambos murieron siendo víctimas de bullying y que sus muertes no se investigaran nunca. Juntos, han hecho de cuidar a los olvidados el objetivo de sus vidas en el más allá. Pero el estrés de andar siempre un paso adelante de la Muerte, además de las emociones reprimidas y sin resolver de sus vidas pasadas terminan pasándoles factura.
La tercera protagonista es una joven estadounidense de nombre chistoso: Crystal Palace (palacio de cristal). Estando muy viva, pero siendo capaz de ver fantasmas gracias a sus poderes psíquicos, Crystal termina en un predicamento demoníaco que le deja la mente casi completamente en blanco, por lo que contrata a los chicos para que la ayuden a recuperar los recuerdos que perdió. La determinación y la moral de Crystal, en muchos sentidos es un ancla que los mantiene juntos, además de convertirse en el motor que echa la trama en movimiento.
El resto del reparto también resulta ser maravilloso, prácticamente todos, desde un vecino estrafalario y obsesionado con el anime, Niko (Yuyu Kitamura), hasta una carnicera gótica y seria de nombre Jenny (Briana Cuoco), pasando por una triste morsa transformada en ser humano, el Trágico Mick (Michael Beach), un cuervo vuelto rompecorazones, Monty (Joshua Colley), y una necia Enfermera Nocturna (Ruth Connel) quien es algo así como el punto medio entre un ángel y una burócrata británica. Y, por supuesto, cómo olvidar al Rey Gato (Lukas Gage), un mago felino travieso y sexy que cambia de forma y por momentos acapara toda la atención.

La verdad es que me apasionan los crossovers y las referencias a otras series. Ya sea mediante pequeños “easter eggs” como los personajes Mortimer y Randolph de la película De mendigo a millonario (1983) haciendo un cameo en Un príncipe en Nueva York (1988), o crossovers a gran escala como las novelas del Cosmere de Brandon Sanderson o el Universo Cinematográfico de Marvel (antes de que se echara a perder), es decir, me encanta cuando los mundos de ficción se entrecruzan. El simple hecho de que Los detectives difuntos se conecte directamente con Sandman, aunque sea sutil, le da un toque de intriga.
Por último, una subtrama especialmente satisfactoria fue el proceso de maduración de Edwin. Cuando el Rey Gato intenta seducirlo, Edwin, que parecía haberlo querido a medias, se queda conmocionado. Tras haber vivido y muerto en una época en la que esas cosas eran innombrables, la vida después de la muerte de Edwin se ha convertido en un largo ejercicio de represión. Pero, a lo largo de la temporada, vemos cómo Edwin llega a reconocer y aceptar su sexualidad como hombre gay.
Al leer esto en Bi.org, te estarás preguntando dónde aparece la bisexualidad. Ya hablaremos de eso.
Lo que no me gustó:
Tras sus enfrentamientos con el Rey Gato y su casi coqueta relación con Monty, Edwin se da cuenta de que es gay, pero no está enamorado ni del gato ni del cuervo. Está enamorado de Charles. Cuando Edwin le dice a Charles que lo ama, Charles le dice que no siente lo mismo, pero lo entiende y lo acepta plenamente: su relación no se tensa en absoluto. Y aunque tiene un arco romántico con Crystal, Charles, desde su aspecto hasta sus gestos, personalidad y patrones de habla, está codificado como homosexual. Hay momentos a lo largo de la serie, desde el primer episodio hasta el último, en los que parece que hay algo entre los chicos, una chispa más allá de la amistad platónica que, si se encendiera, podría llevar a algo más.
Esta dinámica, en la que sólo se insinúa la bisexualidad, pero sin mostrarla ni contarla, es algo que he visto mucho durante mi tiempo dedicándome a los temas bi, y que he criticado extensamente. En circunstancias normales, si una serie siguiera su curso sin nada más que suposiciones bi entre líneas, no la consideraría una serie bi. Las teorías de los fans no hacen a una serie ser bi. Pero dado que Charles es bisexual en los cómics, parece claro que la serie estaba planeando cosas para las siguientes temporadas, ya fuera un romance entre los chicos o simplemente la confirmación en pantalla de la bisexualidad de Charles de cualquier otra manera. Como la temporada sólo duró ocho episodios y la serie se canceló inmediatamente después, tengo que tomarlo en cuenta.

Algunas de las series más bisexuales que he visto (y reseñado) presentaban mucha menos bisexualidad en sus primeras temporadas que ésta, con poco o ningún código queer o material bi desde su origen. Los detectives difuntos trata de dos chicos que están congelados en el tiempo, pero que también experimentan un crecimiento personal — del tipo que requiere varias temporadas para florecer plenamente. Si esta serie hubiera durado al menos dos o tres temporadas, me sorprendería mucho que nunca hubiéramos visto a Charles en una relación con alguien del mismo sexo. No es tanto que no me gustara el hecho de que la bisexualidad de Charles no quedara clara, sino más bien que estoy decepcionado de que la impaciencia de Netflix ahogara el desarrollo de lo que, apuesto un montón de dinero, habría resultado ser una atractiva serie bi.
Pero, ¿por qué se canceló la serie entonces? Netflix no parece haber dicho mucho al respecto, aunque medios como Variety afirman que podría relacionarse con los ratings. Muchos fans no creen esa explicación. Un argumento común entre la comunidad #SalvemosLosDetectivesDifuntos es que la serie se canceló porque era demasiado queer, lo que apunta a un supuesto patrón de cancelación de series queer en mayor medida que las series que no lo son. Es muy difícil cuantificar si las series queer, o con personajes queer, se cancelan en porcentajes superiores a la mayoría. En cuanto a si Los detectives difuntos fue cancelada por ser queer, tendré que estar en desacuerdo con los fans. Y tampoco creo que tenga nada que ver con las polémicas en torno a Neil Gaiman. Después de todo, Sandman se renovó. El hecho es que, en 2024, es más probable que un contenido sea criticado por falta de representación LGBT que por tener demasiada. Ya no estamos en 2002. Vivamos en el año en que vivimos.
Los detectives difuntos no fue cancelada por ser queer. Se canceló por el incompetente modus operandi de Netflix. Netflix se ha hecho famoso por cancelar series a las primeras de cambio y por no darles suficiente tiempo para que consigan un público numeroso (o una promoción adecuada). Exigen éxitos de taquilla instantáneos o tiran las series a la basura. La situación ha empeorado tanto que cada vez que Netflix lanza una nueva serie interesante, tengo que preguntarme si merece la pena ver la primera temporada de una serie que probablemente no tendrá segunda temporada o tercera. Es un modelo exasperante de producir televisión, sobre todo ahora que Netflix tiene 50 plataformas rivales que, a pesar de tener sus propios defectos, no se apresuran tanto a pulsar el botón de borrar.

Dejando a un lado la cancelación, hubo algunas cosas que no me gustaron de la serie. La villana de la temporada, la bruja Ester (Jenn Lyon), me pareció demasiado Disney, como si Cruella de Vil hubiera aprendido magia. Esto es parte de un problema aún mayor para mí. Aunque Los detectives difuntos puede clasificarse como una comedia dramática de terror sobrenatural, también es claramente una serie para adolescentes dirigida a un público joven, lo que no es lo mío. Disfruté de Los detectives difuntos no por su temática juvenil, sino a pesar de ella. Gran parte de la temporada fue lo suficientemente apasionante como para sumergirme en la historia. Pero de vez en cuando, el melodrama adolescente o el ritmo vertiginoso que no deja espacio para que la historia respire libremente — ambos sellos distintivos de la literatura juvenil — me recordaban que éste no era mi género preferido. Los dos últimos episodios, en particular, me parecieron algo apresurados. Pero creo que se trata más de mis preferencias que de defectos en sí.
La calificación:
Es difícil calificar una no-miniserie de tan sólo ocho episodios. Como serie, fue entretenida, cautivadora, bien ambientada y divertida. Incluso como alguien a quien no le gusta el género juvenil, la disfruté mucho. Y creo que los defectos bi de la serie se habrían resuelto, con una certeza casi del 100%, si hubiera una segunda temporada. Se siente un poco como evaluar la vida de alguien que murió demasiado joven, antes de desarrollar todo su potencial. Algo así como Edwin y Charles. Excepto que los chicos no estaban listos para pasar a mejor vida, y tampoco sus fans. Esperemos que los Los detectives difuntos puedan revivir. De lo contrario, nos quedaremos preguntándonos qué pudo haber sido esta historia.
