Desde su publicación en 1897, Drácula de Bram Stoker ha sido adaptado incontables veces. Hay reinterpretaciones, relatos, novelas gráficas, obras de teatro, musicales (tengo que encontrar algunos de estos), juegos, programas de televisión y, por supuesto, películas. En honor a Halloween, pensé que sería divertido volver a ver uno de mis favoritos: Drácula de Bram Stoker, de Francis Ford Coppola, de 1992.
Si no has visto la película, o no la has visto recientemente, prepárate para gritar “¡Ahhh Keanu Reeves bebé!” alrededor del séptimo minuto de la película. Y ni te preocupes, que él se queda en pantalla como Jonathan Harker, uno de los personajes principales que no es vampiro. Junto a Winona Ryder como Mina Harker, Gary Oldman como el conde Drácula y Anthony Hopkins como Van Helsing, estamos ante un reparto de los años noventa repleto de estrellas.

Está claro que a Coppola le encantan las películas viejas de terror y no teme rendir homenaje a la Edad de Oro de Hollywood. Aprecio la ausencia total de efectos especiales modernos (incluso para los estándares de 1992), ya que contribuye al esplendor onírico de la película.
Les aviso de una vez que habrá SPOILERS, aunque asumo que la mayoría de ustedes ya conocen la historia y cómo se desarrolla. Además, si quieres saber más sobre cómo funciona la Escala del Unicornio, echa un vistazo aquí.
Lo que me gustó:
Mina es un personaje real con deseos y motivaciones. Creo que a menudo se la presenta como un objeto de deseo, sin voluntad propia. En la versión de Coppola, ella tiene algo así como una agencia propia y se enamora de Drácula (o tal vez una versión pasada de Mina lo hace, ya que es un poco complicado). Es difícil culpar a alguien por preferir a Drácula en comparación al aburridísimo Jonathan, su personaje siempre me ha parecido insufrible, incluso en la novela. Aunque gran parte de la historia está protagonizada por todos estos hombres que intentan proteger a Lucy (Sadie Frost) y a Mina, y que al mismo tiempo las desean, Mina en realidad es quien tiene la última palabra en la película.
Sé que no soy la única que siente que Mina y su amiga Lucy tienen algún tipo de tensión sexual entre ellas. Al parecer, Coppola está de acuerdo conmigo, ya que las dos comparten un beso entre los arbustos al principio de la película. Es un beso bastante casto, pero en el contexto de reírse del sexo y de mirar algunas escenas sugerentes, parece que no es su primera vez.

Mucho más tarde, cuando Mina por fin recibe la carta para reunirse con Jonathan en el extranjero, lo primero que hace es ir a ver a Lucy, que ha estado enferma por un caso de vampirismo. Mina promete que no irá con Jonathan a menos que Lucy lo permita, y cuando Lucy le da su bendición, Mina besa suavemente y repetidamente la cara de su amiga antes de partir para reunirse con su prometido.
Todos los personajes parecen tener un deseo latente bajo la superficie que las costumbres de la sociedad de la época victoriana en Inglaterra no les permiten satisfacer. Cada momento parece tener una carga erótica que recorre el espacio entre las palabras que no se dicen y los actos que no se pueden realizar. En una escena, Drácula se coloca detrás de Jonathan, lo rodea con sus brazos y le rasura suavemente la cara. ¿Es una amenaza, una caricia o un poco de ambas?

Hay, por supuesto, la obligada orgía de vampiros bisexuales en la que las tres vampiras del sótano seducen a Jonathan e intentan comérselo. La orgía es un juego viejo de adivinar qué parte del cuerpo es, y las vampiras juegan entre ellas y con Jonathan. Celoso, Drácula entra en escena, enfurecido porque han intentado apoderarse de lo que él consideraba suyo. Se da a entender que se refería a que robaron a Jonathan como comida, pero, de nuevo, el acto de comerse a una persona es muy sexual en el vampirismo.
Aunque hay algunos momentos bi, la química entre Lucy y Mina, y una extraña química entre Drácula y Jonathan, en realidad se trata de una historia sobre cómo te ves obligado a ocultar tus verdaderas pasiones y deseos, algo que creo que la mayoría de la gente bi podrá entender muy bien.
Lo que no me gustó:
Se podría argumentar que en una película sobre la represión sexual — una película muy campy, espeluznante, sangrienta y maravillosa sobre la represión sexual — es natural que la representación se manifieste de manera diferente a como normalmente pensamos en ella. No hay personajes bi fuera del clóset, porque los personajes tienen miedo de expresar cualquier deseo que tengan. En cambio, la sexualidad y el deseo sexual están estrechamente vinculados al vampirismo.
Cuando Lucy se enferma tras ser mordida, pasa la mayor parte del tiempo con el pecho al aire, retorciéndose orgásmicamente y gimiendo, o intentando seducir a las personas que la cuidan. Parece que su propia sexualidad descontrolada es lo que la mete en problemas en primer lugar. Ella es la más coqueta de las dos amigas y la que es atraída al jardín, donde tiene relaciones sexuales con Drácula y es mordida por él.
El tema general es que el deseo y la sexualidad son cosas que hay que reprimir. Jonathan queda atrapado en una orgía vampírica en la que él también es el almuerzo. Lucy se retuerce en vestidos diáfanos. Drácula despierta los propios deseos sexuales de Mina y, finalmente, ella se enamora de él.
Drácula es, curiosamente, el personaje más simpático. Perdió a la mujer que amaba y se volvió un poco loco. Y claro, hubo muchos asesinatos y borracheras bebiendo sangre, pero lo hizo por amor. Cuando por fin consigue a Mina, el objeto de su deseo, no quiere convertirla en un monstruo como él. Su determinación no perdura ante la pasión, pero lo intenta. De hecho, la pasión de Drácula y Mina acaba siendo la fuerza más poderosa de la película.

La calificación:
En definitiva, se trata de una película sobre la represión sexual durante la época victoriana en Inglaterra. No es de extrañar que no haya muchos personajes gritando su bisexualidad a los cuatro vientos, ni que la mayor parte de su deseo se exprese a través de miradas ardientes, caricias persistentes y, por supuesto, comiéndose a la gente. Dicho esto, sí podemos ver algunos momentos bi. No veas esta película si buscas una historia optimista sobre salir del clóset, pero si quieres una película que explore lo que significa tener que ocultar tus verdaderos deseos, Drácula te gustará.

