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Club de Lectura Bi: Pity Party

Image/Sphere/Little, Brown

julio 26, 2025 · por Ayman Eckford

Pity Party (2024), de Daisy Buchanan, tiene unos de los personajes más realistas que he leído en una novela de comedia enfocada en mujeres jóvenes.

La protagonista, Katherine Attwell, una millennial británica, no solo está lidiando con el duelo por la muerte de su esposo, sino con heridas mucho más profundas: problemas de abandono derivados de traumas en su infancia perfeccionismo, ansiedad y el miedo constante a mostrarse tal cual es. Su manera de pensar y actuar también es súper típica de alguien con TDAH — lo digo con seguridad porque yo también tengo TDAH y llevo 11 años trabajando con personas neurodivergentes. Muchas veces hay cruce entre tener TDAH y ser bi, y Katherine claramente lo es.

Eso no se revela al inicio de la novela. Al principio parece una típica historia de romance heterosexual — comienza con el funeral de su esposo Ben, quien murió en un accidente de navegación. Katherine está destruida, se niega a aceptar su duelo y se clava por completo en su trabajo en una empresa de sustentabilidad ambiental. Como muchas personas con TDAH, Katherine se refugia en su fijación del momento, y como mucha gente en duelo, intenta probarle al mundo que merece estar viva. A todo esto, después de un colapso emocional en la oficina, se ve forzada a tomarse un descanso y mandada a un retiro de salud mental por su suegra, la cual la apoya muchísimo. 

La novela se divide en dos líneas de tiempo que se entrelazan. En una, vemos a Katherine en su retiro, donde conoce a otras mujeres también en crisis, lo que lleva a situaciones absurdas, conmovedoras y muchas veces muy chistosas. La otra parte, sigue la historia de Katherine desde que conoció a Ben y hasta que su relación se fue desmoronando — una relación que, en realidad, ya había terminado antes de que él muriera.

Aunque Katherine estaba muy unida a Ben, él se distanció después de que ella tuvo un aborto espontáneo, a causa de esto Katherine buscó apoyo emocional en su compañera de trabajo, Lou. Con ayuda de su mejor amiga Annabel, Katherine se da cuenta de que está enamorada de Lou.

Criada por un abuelo que la presionó para ser una “niña buena”, Katherine no pudo reconocer ni aceptar fácilmente su bisexualidad. Al principio se dice a sí misma que “todas sueñan con mujeres”, que seguro es “estrés, falta de vitaminas o una forma de conectar con su energía femenina”. Como le dice Annabel, el verdadero problema es que Katherine nunca ha aprendido a escucharse.

Solo cuando Ben le pide el divorcio — antes de su muerte accidenta — Katherine se permite actuar sobre sus sentimientos por Lou. Pero cuando Ben muere, corta toda comunicación con ella, sintiéndose culpable por ser bi y por atreverse a ser feliz. Su dolor se hace aún más profundo. Pero es en el retiro donde por fin empieza a ver toda la presión que ha cargado: tratar de ser la esposa perfecta, matarse trabajando por el planeta, negar quién es realmente… todo muy relacionado con la forma estricta en que fue educada. Hasta entonces entiende que necesita permitirse sentir, sin estar buscando la perfección todo el tiempo.

Al final de la novela, Katherine se reencuentra con Lou.Y la última frase me dejó con sentimientos encontrados:

Solo soy una chava, frente a otra chava, decidiendo que ya no tiene que ser ‘buena’. Porque ya lo es. Buena de verdad. Lo suficiente para vivir una vida chingona, intensa y brillante.

Por un lado, me encanta que por fin se acepte como es y deje de tenerle miedo al cambio. Pero por otro lado, como alguien que también ha vivido el abandono, me incomoda un poco la idea de encontrar consuelo tan rápido en otra persona después de una pérdida tan fuerte. Hay un tema medio preocupante en la cultura actual — también en algunas historias sobre personas bi — que da a entender que necesitamos encontrar a “nuestra otra mitad” de inmediato para sentirnos completos.

Dicho esto, Pity Party es una bocanada de aire fresco. Una novela que trata la bisexualidad con mucha honestidad y cuidado. Es muy valioso que no pinta a la protagonista bi como la “culpable” del fracaso del matrimonio, ni convierte su identidad en una tragedia. Al contrario: nos cuenta un proceso complejo, lleno de empatía, donde la bisexualidad no es la causa del desastre, sino una parte importante del camino hacia el amor propio.Lo que hace especial a Pity Party no es solo su inteligencia emocional o lo bien que retrata la presión que viven muchas mujeres, sobre todo si son queer. 

Katherine es un personaje súper identificable para muchas personas bi que descubrieron su identidad después de estar en relaciones heterosexuales, o que crecieron en ambientes bifóbicos. Sus batallas con la salud mental van a resonar con muchas personas, sobre todo considerando el estrés constante que enfrentan las comunidades LGBT. Katherine puede inspirar a quienes apenas están saliendo del clóset a ser más valientes y más amables consigo mismos. Lamentablemente, por mi experiencia trabajando con la comunidad LGBT, sé que la autocrítica y ese impulso de “salvar al mundo” mientras te abandonas a ti mismo es algo muy común.

Pity Party no solo es divertida, también es profunda y te deja pensando. Me movió por muchas razones más allá de la bisexualidad, aunque sí resalta con mucha belleza cómo aceptar tu orientación sexual puede ser clave para empezar a sentirte completo.

Si alguna vez intentaste forzarte a encajar en una vida que simplemente no iba contigo, solo por cumplir con la idea de ser una “niña buena”, Pity Party puede pegarte más de lo que esperas.