En cuanto vi que la nueva novela juvenil de Becky Albertalli, Amelia, If Only, incluía una relación parasocial, no pude esperar para leerla. Según Psychology Today, una relación parasocial es un apego unilateral hacia una celebridad o un personaje ficticio. En el caso de Amelia, esa relación parasocial es entre la protagonista, Amelia Applebaum, y un YouTuber local llamado Walter Holland. Ambos son estudiantes de preparatoria. Ambos están fuera del clóset como bisexuales. Y aunque Amelia está completamente obsesionada con el contenido de Walter, él no tiene idea de que ella existe.
Al menos hasta que ella lo invita al baile de graduación por redes sociales. Si él no responde y Amelia borra el video, entonces nunca pasó… ¿verdad?
Pero el drama solo crece a partir de ahí. Amelia transcurre a lo largo de cinco días, la mayoría durante un viaje de fin de semana al ficticio Blackwell College en Geneva, Nueva York, un escenario que comparte con la novela juvenil de Albertalli de 2023, Imogen, Obviously. Walter organiza un evento de convivencia en ese lugar, y Amelia convence a sus tres mejores amigos — Natalie, Mark y Zora — de acompañarla. ¿Qué sucederá cuando Amelia conozca a Walter en persona? ¿Cambiará este evento su vida?
Amelia explora temas sobre crecer y enamorarse; plantea preguntas importantes sobre el cambio, la amistad y cómo la cultura pop que consumimos —y los fandoms en los que participamos— nos impactan.
ADVERTENCIA DE SPOILERS: Lamentablemente, es imposible hablar de Amelia sin spoilers. Si prefieres evitar spoilers, échale un vistazo a nuestra entrada de Bi Media para una reseña breve.
Al igual que Imogen, la novela más reciente de Albertalli es introspectiva. Gran parte de la narración ocurre en la mente de Amelia mientras intenta descifrar lo que siente, en especial esa delgada línea entre la amistad y el romance. Tiene opiniones muy fuertes sobre cosas como el increíble contenido de Walter en YouTube o la exnovia fastidiosa de su mejor amiga Natalie, pero, hasta cierto punto, estos comentarios son una forma de ocultar sus inseguridades.
Por ejemplo, Amelia no comparte con sus amigos lo inestable que se sintió respecto a su propia identidad queer en la secundaria; en el capítulo 13 recuerda lo seguras que parecían sus amigas a esa edad, lo cual la hacía sentirse desconectada. Walter expresa algunas de esas mismas dudas en sus videos, algo que a Amelia le encanta de su contenido: él la entiende. Incluso sin saber que existe.
Me atrajo Amelia por su manera de retratar las relaciones parasociales. Es un tema sobre el que yo misma he escrito, aunque mi investigación se ha enfocado más en personajes ficticios (y en cómo estas conexiones parasociales nos brindan consuelo). Para mí, estas exploraciones fueron de lo más interesante del libro: la nostalgia y anhelo de Amelia por Walter se sienten muy reales, incluyendo frases sobre cómo tiene el “presentimiento” de que “Walter y yo podríamos ser algo. Si tan solo pudiéramos hablar, una vez, de verdad.” Líneas como estas, en las que Amelia diferencia lo real de lo que no lo es, me dejaron con ganas de leer aún más de su sensibilidad.
Hay una autoconciencia muy tierna en cómo Amelia examina lo que llama su “medio crush” con Walter. Se angustia por su atuendo el día del evento, preguntándose por qué le importa tanto lo que él podría pensar de su cárdigan (o de no llevar uno): “A lo mejor estoy enamorada de la posibilidad de Walter — porque, al final del día, casi ni lo conozco.”
Estos momentos contrastan fuertemente con las interacciones de Amelia con sus amigos, que son intencionalmente más superficiales. Desde el inicio, Amelia interrumpe a Natalie justo después de que su amiga pasa por un gran rompimiento antes del baile; sin entrar demasiado en spoilers, la verdad detrás del rompimiento no me sorprendió cuando se revela al final de la novela. Tampoco me sorprendió el secreto de Mark. La verdad de ambas situaciones parecía evidente desde el principio, así que las revelaciones se sintieron un poco anticlimáticas.
Pero esto es, en parte, el punto: gran parte de la trama gira en torno al miedo de Amelia al cambio, y el hecho de que hable por encima de los demás es un recordatorio claro de lo que aún no está lista para enfrentar. Aunque funciona, me quedé con algo de frustración por sus amigos. Que no la corrijan es exageradamente complaciente, tal vez una forma de calmar la culpa por lo que también le están ocultando, incluida la decisión de Zora de no asistir a la misma escuela que Amelia, un hecho que sorprendentemente recibe muy poca atención en el libro. Todo esto crea una mezcla interesante de tensiones.
Aunque el libro es interesante, me habría gustado que tomara un poco más de tiempo en su desenlace. Toda la vida de Amelia da un giro radical en el último tercio de la novela. En cuestión de horas: Amelia llega a una conclusión sobre su relación parasocial con Walter; Natalie se escapa de Blackwell College; Zora revela el cambio en su decisión universitaria; y Amelia por fin empieza a entender lo que siente por Natalie. Es un torbellino —uno que quizá habría sido menos caótico y más emotivo si hubiera avanzado un poco más despacio. (Por ejemplo: ¿qué esperaba conseguir Natalie al salir corriendo, más allá de asustar a sus amigos?)
En particular, me hubiera gustado que Amelia hubiese entendido por sí sola su relación con Natalie. Muchas de sus revelaciones le son dadas “en bandeja” por otros personajes, que ponen en palabras lo que ella no puede. Esto es tierno de cierta forma, pero se siente menos poderoso que verla descubrirlo por sí misma y tomar las riendas de sus emociones por primera vez.
En general, me encantó ver conexiones parasociales exploradas en literatura juvenil. Por eso me dio mucho gusto encontrar Amelia, If Only. Con momentos llenos de autoconciencia, la novela es una lectura ágil y envolvente que seguramente encantará a quienes disfrutan de las historias juveniles, el romance ligero y las conversaciones sobre cultura pop.