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Club de Lectura Bi: A Delicate Deception

Pexels/Max Vakhtbovyc

agosto 24, 2021 · por Siobhan Ball

En A Delicate Deception, Cat Sebastian completa su trilogía Regency Imposters con una inversión de la tropa clásica del “heredero olvidado de un ducado”. Una heroína espinosa y distante y dos protagonistas bi que de alguna manera logran encontrar el camino hacia un feliz por siempre a pesar de que constantemente se interponen en sus propios caminos respectivos.

Amelia Allenby, la hija ilegítima de un conde y su fascinante amante, ha tenido suficiente. Mientras su madre y sus hermanas prosperan en fiestas y salones, el ruido, el enamoramiento y, sobre todo, la capa tras capas de pretensión que se exigen de las damas de la alta sociedad resultaron ser demasiado para ella. Después de salirse de un evento de baile en plena temporada, a mitad de un baile nada menos y sin decir una palabra a nadie, Amelia se retira al campo para tener su ataque de nervios vergonzoso en privado. Acompañada por un perro grande y su institutriz convertida en su mejor amiga, Georgiana, espera quedarse allí para siempre, escribiendo novelas históricas eróticas y quedándose completamente sola.

Sydney Goddard, un abolicionista cuáquero y agrimensor, se ha convertido en el heredero de una casa señorial quemada por el fuego y de todas las propiedades circundantes después de perder a su hermano y a la esposa heredera de su hermano en el incendio. Aunque preferiría estar en cualquier otro lugar menos que allí, también es donde su cuñado y antiguo amante, el duque de Hereford, viene a recibirlo, y entonces espera, tomando largas caminatas por el campo e intentando averiguar se puede salvar algo de la casa. Es en una de esas caminatas donde se encuentra con Amelia, y lo que comienza como una discusión sobre los derechos de propiedad se convierte en una relación completamente rejuvenecedora para la pareja exhausta y desanimada.

Desafortunadamente, sin embargo, Sydney no ha sido exactamente honesto con Amelia sobre quién él es. No solo es el dueño reacio de la mansión, sino que también el dueño de casa, algo que ella siente que debería haber surgido en la conversación en algún momento antes de que se quitaran las primeras capas de ropa. Por parte de Sidney, la revelación de que Amelia es una dama de sociedad y una mitad del misterio que fue revelado de parte del historiador Duque ha tenido una correspondencia un tanto animada, lo hace sentir que nunca la conoció siquiera.

Afortunadamente para ellos, ni Georgiana ni el Duque están dispuestos a dejar que los dos se regodeen en el orgullo y los malentendidos, y con solo un poco de ayuda, están más que dispuestos a trabajar para reparar la brecha entre ellos mismos.

Como siempre con una novela de Cat Sebastian, la historia termina no solo con un romance exitoso logrado entre la pareja principal, sino con la creación y reafirmación de una red familiar entre el elenco, combinando tanto las variedades encontradas como las más tradicionales en un todo. Aparte del romance entre Sydney y Amelia, está la construcción de una relación de vida platónica entre la asexual Georgiana y Lex, el duque de Hereford, un firme 6 en la escala de Kinsey. Aunque no tienen ningún interés sexual o romántico el uno con el otro, ambos están en la búsqueda de estabilidad, compañerismo y una pareja con quien criar a sus hijos — y su intentó en convertirse en mejores amigos, que consiste en fresas y discutir sobre teorías históricas de la conspiración, proporciona un telón de fondo encantador para el romance más tumultuoso central de la novela. La forma pragmática con la que los dos se acercan al formar su asociación, así como el afecto genuino en ella, es genuinamente encantadora y se erige como una buena representación tanto de la asexualidad como de los enfoques alternativos de la vida familiar del antes y del ahora.

La representación de la discapacidad y el ableismo también están a la altura de los altos estándares habituales del autor. Debido a las actitudes del período de tiempo hacia la salud mental, la descripción de la ansiedad social de Amelia (no comprende lo que le está sucediendo o por qué) se siente visceral y auténtica. El enfoque de Sydney al respecto, así como los errores que comete, suenan ciertos para un hombre empático y bien intencionado que, sin embargo, no tiene idea de lo que está pasando por su cabeza y solo está adivinando lo que podría necesitar. De manera similar, el hecho de no considerar la ramificación práctica de la ceguera de Lex, otro resultado del incendio, es la causa de la ruptura inicial entre Sydney y Lex al comienzo de la novela. La necesidad de un tercero para leer y escribir sus cartas hizo que Lex no quisiera arriesgarse a mencionar algo personal en ellas, mucho menos cariñoso, lo que Sydney, sin pensar en la razón, tomó como un rechazo.

La experiencia de la bisexualidad es muy similar para Amelia y Sydney. Ninguno parece tener una preferencia de género, y ninguno lucha con su atracción por personas del mismo género, sino que lo acepta como una parte ordinaria de ellos mismos. Tanto es así que Sydney casi admite abiertamente su relación pasada con Lex antes de darse cuenta de los peligros de hacerlo mientras él y Amelia están reparando su relación dañada en medio de la novela. Amelia lidia con su admisión admitiendo sin rodeos que tuvo una relación con una mujer en la temporada anterior antes de que se fuera de Londres, dejando que Sydney sepa que los dos son iguales de una manera tan importante y restaurando la dinámica de poder entre ellos.

También hay un comentario sobre el tratamiento de los hijos ilegítimos, la disección habitual de Sebastian del sistema de clases Británico y una subversión generalmente alegre de las normas sociales por parte de los personajes. Mientras es posible que no puedan arreglar por sí solos la sociedad Británica y la forma en que trata a las personas, por seguro encontrarán una manera de evitarlo para todos los que puedan, y serán felices mientras que lo hacen. Lo cual, en lo que respecta al sentimiento queer, es atemporal.